En su último editorial, Rolando Graña describió un escenario político marcado por la urgencia de Javier Milei por asegurar su continuidad en el poder. Tras el Mundial, la Casa Rosada parece haber dejado en segundo plano la economía y el consumo en caída, para enfocarse en una campaña de blindaje judicial y maniobras electorales.

Entre las medidas más polémicas se destacan las designaciones de jueces vinculados a causas que afectan directamente al presidente, lo que ha derivado en la parálisis de investigaciones por corrupción. Al mismo tiempo, el oficialismo impulsa la suspensión de las PASO, convencido de que sin primarias el peronismo se fragmentaría y perdería competitividad.

Las encuestas, sin embargo, muestran un panorama complejo: mientras un 35–38% aún respalda a Milei, más del 52% califica su gestión como “muy mala”. Incluso votantes propios y aliados de Patricia Bullrich expresan desencanto por la situación económica, que sigue sin mostrar signos de recuperación.

En el plano internacional, el presidente apuesta a los triunfos de Donald Trump y Jair Bolsonaro para fortalecer su relato, aunque sus insultos a Lula da Silva tensan la relación con Brasil y ponen en riesgo la estabilidad del Mercosur.

Graña advierte que los relatos que llevaron a Milei al poder —anticasta y moral— se desgastan frente a escándalos y leyes de blanqueo. La única bandera que aún sostiene es la baja de la inflación, pero con una economía estancada y un electorado cada vez más crítico, la campaña por la reelección se vuelve una carrera contrarreloj.