En una nueva jugada política y judicial, Cristina Fernández de Kirchner confirmó que llevará su caso ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, con el objetivo de revertir la condena e inhabilitación que le impide presentarse como candidata en las próximas elecciones.

La decisión fue acompañada por una carta abierta titulada “El costo democrático de la politización de la justicia”, donde la exmandataria denuncia persecución política y un sesgo de género dentro del sistema judicial argentino. Según explicó el periodista Jairo Straccia en su análisis para Urbana Play, la presentación internacional busca que el derecho global cuestione el fallo local de la causa Vialidad, que la condenó por administración fraudulenta.

El equipo jurídico de Kirchner —integrado por abogados argentinos, españoles y brasileños— argumenta que la sentencia vulnera garantías constitucionales y derechos humanos básicos. En su escrito, la expresidenta sostiene que la proscripción judicial constituye una “pena perpetua” y que su caso refleja un patrón de judicialización de la política en América Latina.

La movida reabre tensiones dentro del peronismo, especialmente entre los sectores que impulsan la renovación del espacio y aquellos que aún respaldan su liderazgo. Dirigentes como Axel Kicillof deberán definir si acompañan la estrategia internacional o promueven nuevas figuras para la contienda electoral.

Mientras tanto, el presidente Javier Milei, desde Perú, expuso una agenda centrada en valores judeocristianos y filosofía griega, marcando un contraste simbólico con el discurso de Kirchner, más enfocado en la justicia y la institucionalidad.

Con esta presentación, Cristina busca reinstalar el debate sobre la independencia judicial y la legitimidad de las condenas políticas, en un contexto donde la polarización y la incertidumbre electoral vuelven a dominar la escena argentina.